El primer caso de peste del año 2026 no lo protagonizó una persona, sino un gato doméstico del condado de Jefferson, en el estado de Colorado (EE. UU.). Las autoridades sanitarias confirmaron el diagnóstico a principios de enero, recordando a veterinarios y propietarios de mascotas que Yersinia pestis, la bacteria responsable de la peste bubónica, sigue circulando entre la fauna silvestre norteamericana y puede afectar a nuestros animales de compañía.
¿Cómo se infectan los gatos con la peste?
A diferencia de los perros, los gatos son extraordinariamente susceptibles a Yersinia pestis. La bacteria se mantiene de forma enzoótica en roedores silvestres como ardillas de tierra, perros de las praderas y ratas campestres de diversas regiones del oeste y suroeste de Estados Unidos. La transmisión a los felinos ocurre principalmente por tres vías:
- Picadura de pulgas infectadas procedentes de roedores muertos o enfermos.
- Ingestión de presas contaminadas, como ratones o ardillas.
- Contacto directo con fluidos corporales de animales infectados.
Una vez infectado, el gato puede desarrollar la forma bubónica (inflamación de los ganglios linfáticos), la forma septicémica (infección generalizada en sangre) o la forma neumónica (afectación pulmonar), siendo esta última la más peligrosa tanto para el animal como para las personas en contacto con él, ya que puede transmitirse por vía respiratoria.
Signos clínicos que deben alertar al veterinario
El período de incubación en gatos oscila entre uno y seis días. Los síntomas más frecuentes incluyen:
- Fiebre alta y abatimiento repentino.
- Inflamación dolorosa en la zona del cuello, mandíbula o axilas (bubones).
- Pérdida de apetito y deshidratación.
- Tos, dificultad respiratoria o descarga nasal en la forma neumónica.
- Úlceras orales en algunos casos.
El diagnóstico definitivo requiere cultivo bacteriológico, PCR o serología, pruebas que deben realizarse en laboratorios con capacidad para manejar agentes de nivel de bioseguridad 2 o superior. Ante la sospecha clínica, el protocolo exige aislar al animal de inmediato y notificar a las autoridades de salud pública.
Riesgo para los humanos: una zoonosis subestimada
La peste es una zoonosis de declaración obligatoria. Los gatos infectados pueden transmitir la bacteria a sus dueños a través de mordeduras, arañazos o, en la forma neumónica, simplemente por la proximidad. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), entre 2000 y 2020 se registraron en EE. UU. aproximadamente 130 casos humanos de peste, de los cuales cerca del 15% estuvieron vinculados al contacto con gatos domésticos enfermos.
El tratamiento en humanos con antibióticos como estreptomicina, gentamicina o doxiciclina es eficaz si se inicia de forma temprana, pero la mortalidad sin tratamiento puede superar el 30% en la forma bubónica y el 100% en la forma neumónica no tratada.
Tratamiento veterinario y prevención
En gatos, la doxiciclina y la enrofloxacina son los antibióticos de primera elección. El pronóstico mejora considerablemente si el tratamiento comienza dentro de las primeras 24 horas desde la aparición de síntomas. El personal veterinario que manipule a un gato sospechoso debe utilizar equipo de protección individual (mascarilla FFP2, guantes, bata) y evitar en la medida de lo posible procedimientos que generen aerosoles.
Desde el punto de vista preventivo, los consejos para propietarios en zonas endémicas del oeste americano son claros:
- Aplicar tratamiento antiparasitario externo regularmente para el control de pulgas.
- Evitar que los gatos salgan al exterior sin supervisión en áreas con roedores silvestres.
- No permitir que el gato ingiera presas cazadas.
- Consultar al veterinario ante cualquier síntoma febril agudo, especialmente si el animal ha tenido acceso al exterior.
Aunque España y el resto de Europa no presentan casos autóctonos de peste desde hace décadas, este tipo de alertas en Norteamérica son un recordatorio valioso: las enfermedades zoonóticas no entienden de fronteras y la vigilancia veterinaria activa es la primera línea de defensa para la salud pública. Los viajeros que regresan con mascotas desde zonas endémicas, así como los importadores de animales silvestres, deben tener este riesgo en mente.